278 UN BLOG COMO CUALQUIER OTRO

Un blog como cualquier otro. Aquí el problema es escribir un post que no es un post. Un post presupone el tener algo que decir. Supongo que, dado que internet es inimaginablemente grande, un post cuyo tema gire en torno a no saber qué postear habrá sido colgado en la red decenas de miles de veces. Versión hard, versión light. Versiones para todos los gustos, oiga.

El escribir en la red (metáforas de escribir sin red, de saltar sin red, de circo en definitiva: desaconsejadas) tiene algo de imposible. Tiene algo de inmoral, también. Es la hostia asistir al espectáculo de nuestra instantánea vejez. Es la hostia escribir hacia el vacío.

Supongo que el exhibicionismo, el espectáculo de la desnudez propia que es de lo que se trata (fondo y superficie) tiene como objetivo la respuesta o mirada del lector, del observador (America has been founded, thanks a lot).

Tiene también algo de gracia, sin embargo, el escribir pensando que esto, siendo público, quedará privado, sin lectores. Que permanecerá flotando en una nada líquida (líquido amniótico es la imagen más recurrente, no sé si motivada por la lógica o simplemente es, de nuevo, la borrachera quien me dicta).

Alcoholismo blogs mentiras ¿cintas de vídeo? blogs letras música en unas palabras a ratos inasibles a ratos consentidas, llenas de regalos de aderezos, adornadas por una especie de halo estremecedor y evidentemente falso.

Días medidos mediante lo que eres capaz de beber, de mantenerte luego despierto en esta doble sensación de embotamiento y clarividencia: dos hermanos que vivieran opuestos sin saberlo, que viajaran juntos en el metro y se subieran, también juntos, a los ascensores (¿de la vida? ¿ascensores de la vida? ¿te crees esta mierda tú mismo siquiera, cuando la escribes?) silbando la misma canción. Tiru lí. Tiru lá.

Creo que se me agotan las palabras, la paciencia, la racionalidad. Las intermitencias van cada vez más aceleradas. Ciclotimia, parálisis, palabra.

Los puntos suspendidos en el vacío más hostil. Los ¿rizomas? las (¿raíces?) de un vocabulario de imposible digestión. Escribir humilde, la cabeza baja. Escribir humilde, rogándole a Algo que me saque de este embrollo (palabra horrible) una conversión (conversación) entre paréntesis y una vida que se escapa...

Todo el rato a vueltas con lo mismo resulta agotador.

Escribí una vez "todo tiende". Sólo eso. Tiende. Sin final de frase ni sentido a la vista. Una deriva (métaforas navales evidentemente desaconsejadas). Una deriva.

Creo que acerté.

Besos.

277. DE UN PROFETA Y DE LAS PERSONAS INCOMPRENSIBLES

” …y no creo que por mucho meditarla cambiara de opinión. Un 5.7 porque aunque le haya dado más palos que otra cosa no digo que sea mala, es más que correcta pero para mi no tanto como la ponen.”
Señor en Internet



Me decía un amigo que le gustaría que, al menos durante un tiempo, la música que escucháramos la tuviéramos que encontrar guardada en estuches blancos, uniformes, y sin título. Que los libros viajaran sin nombre de autor ni editorial. Que las películas se vieran sin saber nada de ellas, siempre con actores desconocidos.
Siempre desconocidos.

Nunca estuve tan de acuerdo con él como tras y durante "Un profeta". Cuando la vi, no conocía a ninguno de sus actores, no sabía nada de lo que pasaría.

Me enamoró.

Este apasionamiento se produjo, también, porque las únicas pegas que le encontraba (soy tan idiota que me dedico a encontrarle pegas a las películas que me enganchan mientras las veo, más que nada para no quedar luego como un idiota entreguista) se me convirtieron en aciertos descomunales.

Joe Pesci será el mejor haciendo de Joe Pesci. Nunca será otro. El chaval profeta es el chaval profeta. Tipos muy listos se llenan la boca a vueltas con la suspensión de la incredulidad y sus dificultades. Supongo que lo que trato ahora es de darles la razón.

Si decimos que lo que nos encontramos delante es siempre nuestra película, nuestro libro, que la única crítica posible es personal y subjetiva, acabamos diciendo tonterías, acabamos diciendo que nada vale nada. Supongo que ahora, también, es lo que trato de decir.

Que aquello que vi es mío y de nadie más. Que me encantó porque me lo creí. Porque me resultó especial de una manera difícil de explicar. No sabría discutirla desde cierta perspectiva. ¿Cómo hablar de ella con alguien que le pone un 5.7, y no un 5.8 o un 5.6? Solo sabría decirle que la película ha sido muy importante para mí, pero que él seguramente tenga sus razones y su razón. Después de hablar, imagino, lloraría en sus brazos o me encogería de hombros o le rompería una botella en la cabeza, le escupiría, y me moriría de la risa.

No sé qué me está pasando, esto cada día se parece más a un blog ¿críticas de cine, Guión_bajo? ¿qué es lo que pasa aquí? ¿qué será lo próximo? ¿chistes?

Uno no sabe qué pensar. La vida práctica infecta ultimamente.

Besos.

Soft as this hand of mist

Escondido detrás de artefactos de referencia cada vez más arcana, más intrasferible (intrasferible no puede ser gradual, imbécil). Poco a poco en el viaje espiralado hacia el interior, a la caza de significados cada vez más propios, cada vez más esquizofrénicos.
Cada vez.
Soft as this hand of mist.

Atraído por construcciones esqueléticas. Iglesias góticas sin paredes, todo arcos y columnas hacia arriba en una especie de infinito de cielo gris.
Soft as this hand of mist.

Como una canción que aterra. Que te cantas susurrante hacia el cuello de la camisa, mientras caminas por la calle. Viajas dirigido como un misil inteligente, cómo él, sin saber muy bien por qué.
Atraído por los horarios más hostiles, una noche de ciudad alienígena y tus pasos, resonantes.
Soft as this hand of mist.

La realidad pierde. Como un balde de agua rajado por la mitad. Como un tren in-humano al que se ha aferrado todo un mundo, que en cada curva, en cada frenada o aceleración, dejara algunos de sus componentes destrozados en el camino. Todo se me escapa. Todo antiguo, absurdo todo. Mi abecedario escrito en la arena y cubos y cubos y cubos de alquitrán que lo van cubriendo.
Softly as this hand of mist.

Puntos suspendidos...
Una súplica inerme, un cuidadoso descenso de una ladera, todo calma y tranquilidad, precedente de un alud de rocas.
Soft as this hand of mist.

No consigo impedirme. No lo consigo.

275 MR.HYDE & MR:HYDE O LA ALIENACIÓN DEL OCIO







Pero todos somos todo, y borrar debería estar prohibido.
Mr. Hyde


Aquí llega, otra entrada del blog que todos estáis esperando, el que seguís y soportáis tanto en el sentido inglés como castellano. El blog más chulo y más malo, aquel que se folla a vuestras madres mientras vuestros padres ven el partido del domingo. El blog que ya se las había follado el jueves, incluso.
O algo así.

No hagáis demasiado caso al último párrafo, es algo que escribiría la parte misterhyde de mí. Pero todos somos todo, y borrar debería estar prohibido.

Mr.Hyde como figura trágica. Incomprendido como un asalto coordinado anfibio para recuperar unas zapatillas de felpa que se quedaron en casa de una ex novia. Militarmente impecable y desastroso a todos los demás niveles. Mis manos sobre el teclado como dos apéndices a su vez padres de cinco apéndices each. Mis manos de Mr.Hyde, infelices e incompletas: alienígenas, con vida propia y desobedientes. La desenvoltura en el fondo del ocio como si se tratara de un océano perverso y nosotros sus sirenas. Perfectamente adaptados, preparados para entrar en el próximo cine al aire libre o en la próxima performance o en la próxima fiesta estupenda e inmotivada (o poco justificada, cuando más). La desesperación en el fondo del ocio: disuelto como pez soluble (grandísima figura desgraciadamente fusilada de algún otro ser humano). Supongo que hay que gritar, o al menos decir bajito, un “ya no me siento yo mismo metido dentro del tiempo que paso pasándolo en grande”. O cualquier frase similar que nos permita llegar a parecidas conclusiones. “Informad de esto a la reina” es una frase que siempre quise decir, también. O que siempre quiso decir la parte más Mr.Hyde de mí, quiero decir. Lo mejor de la última frase es que no eres tú quien tiene que ir a la casa de la reina, al chalet adosado o dúplex o cabaña o buhardilla o palacio de la reina, despertarla de la siesta o sacarla de la ducha, con la consiguiente incomodidad, e informarla de algún mal que nos aqueja a todos nosotros, sus súbditos, y del que ella es, siempre, la última en enterarse.

Me duelen los dedos, apéndices frustrantes, porque el frío polar me los sopla por entre las rendijas de las ventanas, porque la postura es la más inadecuada que existe, con la frente apoyada en la mesa y los brazos por encima escribiendo como quien dispara a ciegas sobre una trinchera. Porque todo lo que escribo se cubre de ese légamo bilioso a mis ojos, que no se atreven a mirar a la pantalla más que breves vistazos (por aquello de las balas perdidas, supongo). Porque los dedos están construidos para doler cuando todo duele, para demostrar que son nuestros y no de cualquier Mr.Hyde hijoputa que se esconda dentro del cráneo.
Toca largarse de aquí, consumir algo de ocio.

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EL QUE GANE CONTRA MÍ (y dos)

Nació con el don de la risa, y la intuición de que el mundo estaba loco

Rafael Sabatini (Scaramouche)

Obvio el conflicto silencioso alrededor. Algunos títulos tienen sentido. Todo parece una pelea ajena. Todos, participantes afanosos. A ratos, desde un balcón lleno de hojas de otoño contemplo una calle un barrio una ciudad en guerra permanente. Me siento, en una silla de ruedas, me siento, ajeno y ufano. Grito, sin atreverme a abrir la boca ¡El que gane contra mí! Como un manifestante antitratado de Mastricht o un vendedor de aspiradoras atrapado en un alud de rocas.

El que gane contra mí. Abrumado por la estupidez y el frío. Es esa sensación de que nada tiene que ver exactamente conmigo y de que, cuando todo se resuelva, cuando me mire al espejo y me reconozca en él, cuando esté listo, saldré a pelear.

Subirse al ring del metro y el camino al metro y la cola del supermercado. Pararse frente a una oficina bancaria y entrar (importantísimas gestiones esperándonos) con alma y cuerpo y sonrisa amarga de gladiador.

Estar listo. Las cuerdas que nos encierran tensas como alambres de espino, amenazantes también, como tales. Estar listo, por qué no, para una pelea de fajadores, apretarse contra ellas sin miedo al dolor y a la sangre. Aceptar golpe por golpe, dos golpes por tu golpe, tres cuatro cuatrocientos golpes por cada uno que seas capaz de dar. Estar listo.

Y ganar.

Entrarle al mundo con voz clara, prepotente. “El que gane contra mí” mientras el cigarrillo a medio arder calienta los dedos.

273

EL QUE GANE CONTRA MÍ (parte uno)


Reinvento a un tipo cuyo nombre no consigo recordar, “vivo en guerra con los hombres, y en guerra con mis entrañas”. Reviento al tipo, como decía, y miento, porque con los hombres no tengo más que escaramuzas. Lo serio, la pelea, como debería resultar evidente en un clasicista como yo, viene con las mujeres.


Es estúpido escribir: hacer magia con los dedos y ver como las letras, las palabras, emergen del fondo blanco de la pantalla, como cadáveres hinchados podridos y negros que asoman a la superficie en un mar de leche. Y ésa es, seguramente, la imagen más estúpida que puedo recordar haber escrito nunca. La más falsa, también.


Ahora mismo estoy en paro. Lleno, también, de un sentimiento injustificado de abandono. Como si el mundo entero me debiera algo, a mí y sólo a mí, y no se dignara a pagar. Supongo que, como sentimiento, se puede considerar casi universal. Me han pedido, también y por razones de trabajo (de conseguirlo, quiero decir), que escriba un mail, una historia bien redactada, una especie de memorándum en el que se lea cómo quiero ser de mayor. Da vértigo, en plena adolescencia treinteañera, escribir así sobre uno mismo.


Escribir algo así es como atragantarse de algo dulzón, empalagoso, una materia espesa que entra por la garganta y tenemos que deglutir, poco a poco, siempre al borde de la asfixia. Tragar y tragar una masa que nos envuelve, y que, descubrimos, tiene forma de ataúd o de crisálida. Una masa semipodrida que quizás antes fue nuestra propia piel y de la que debemos escapar masticando, devorándonos a nosotros mismos, como larvas de insecto.


En cualquier caso, muy asqueroso.


Creo que debería reventarme la cabeza contra un cristal ahora mismo. A ver qué pasa. De hecho, el pensamiento ha sido tan fuerte que lo he dicho en voz alta, y me he pasado la frente como en anticipación de esos divertidos momentos de dolor y cortes pringosos. Decía Tía Anica la Piriñaca que cuando cantaba a gusto le sabía la boca a sangre. Es una cita que le encanta a un tipo al que me encanta leer. A mí me sabe la boca a sangre todo el rato, o no. No lo sé. Es como una intuición de sangre.


Odio ciertas cosas de mí mismo, sobre todo entre semana.

EL ELEMENTO SORPRESA

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You know nothing, Jon Snow
George R.R. Martin (Song of ice and fire)


Nos duchamos vestimos y arreglamos. Salimos a la calle lujuriosos, anhelantes. Caminamos con falsa prisa y aullamos bajito a la caza de la Modernidad y de medio gramo de perico.
Ilusos.

Como si con medio bastara.

El Elemento Sorpresa nos acecha detrás de cada esquina, de cada paso. Dentro de un portal o en algún rincón de casa. Como el sicópata enmascarado de la película de miedo del día. Avivamos la infame esencia que nos inflama con palabras esculpidas para nosotros mismos. Giramos, deconstruimos y rearmamos pensamientos enfermizos y recurrentes y enfermizos y recurrentes (la repetición ha sido incluida para dar una sensación de recurrencia). Nos elevamos. Por momentos nos elevamos. Nos sentimos flotantes. Media pulgada por encima del Puto Empire State. Miramos desde arriba, desdeñosos, con el pie derecho a punto de apoyarse en una nada de hueco de ascensor, anunciante de descenso.
Estamos. Hacemos una especie de papel de figurantes en una especie de representación de una especie de libertad, que, como todas las libertades, lleva aparejada su propia servidumbre, su especie de esclavitud.

Divertimos, apenas media sonrisa de joven californiana afincada en moderna ciudad europea(ejemplificamos: Barcelona). Divertimos poco, pero algo. Como un chiste que en vez de contado se explica. La importancia de algo que perdura. La importancia de algo que perdura. La importancia de algo que perdura… (aquí la repetición ha sido incluida porque se ha perdido el hilo por completo). La importancia de algo que perdura está, quizás, escondida en un espejo.

¿Ya estáis drogados, os preguntáis?
La respuesta: Aún no, por desgracia. Pero algo hemos bebido.


What a relief
I feel like a soldier
I look like a thief
The Clash (Jimmy Jazz)


Suenan los Clash, como gigantes pequeñitos asaltándonos los tímpanos. Nos hacen pensar en las palabras dichas, y, más aún, por lógica, en las no dichas. En lo que significan los silencios reflejados. Silencios que nos asaltan minutes before the lost of control and the begining of the Last Desperate Party, like in an strange game: the start of the laughing signals the end of the thinking and it’s twin, the crying. Viajamos en el metro, minutes ago, y fijamos la mirada en el tipo que tenemos enfrente, en el cristal, abismado y borroso por la luz. Y nos devuelve la mirada cansada, como de recién salido del trabajo del viernes. Y a través de él vemos el mundo: nuestros compañeros de asiento, aquellos que se suben o bajan, los trenes que pasan enfrente. Nos miramos el reflejo y no nos reconocemos como propios. No quizás en el mal sentido, en plan ¿dónde está mi cara? O sí. Exactamente esa pregunta, pero planteada como que la cara que vemos reflejada, la que nos mira a la vez que la miramos, no es exactamente peor que la que imaginamos como propia, que la que creemos que debería ser la propia.

Es simplemente distinta.

Como un espejo que respondiera tarde a nuestros gestos, apenas una fracción de segundo, apenas un instante casi indiscernible, de hecho indistinguible para todos salvo para nosotros. Un reflejo que reflexionara, que pensara en lo que hace, en la conveniencia de hacer su puto trabajo antes de hacerlo: antes de contestar, de devolvernos contraria nuestra acción, nuestro frotarnos los ojos o rascarnos la nariz. Un reflejo de cristal o de plata de pendiente de mujer, en el que nos intuimos, nos vemos deformados. Anulados. ¿alienados, la palabra que buscamos?

Una pintada en la pared, en una pared destruida de una destruida fábrica de un polígono industrial que, seamos francos, tampoco atraviesa sus mejores tiempos: “BUELME PORFA” NITUS X ALBA JUNTOS P.S.
Y las ganas de gritar, de a la vez llamar a Alba para que vuelva, que buelma, de llenarlo todo de lágrimas (de mancharlo todo de dolor, que es un color feísimo, diría Kase’O) de mandarlo todo a la mierda, de lanzarnos a través del espejo, de cazar perico y reflejos y modernidad hasta olvidarnos de que la vida duele, de que una cajetilla vacía tres cuartos de hora en el bolsillo pueda ser la metáfora que buscamos o la única posible.
Hasta reírnos. Hasta reírnos.